Soy una Demócrata Progresista compitiendo por el puesto de Representante de Estado contra Jeffrey Sánchez en las próximas elecciones primarias. Los he conocido a muchos de ustedes en sus casas y espero conocerlos a todos durante el verano. Hoy les estoy escribiendo para presentarme, decirles lo que apoyo y porque, y abrir una conversación sobre lo que está en juego en estas elecciones y mis motivos para competir en ellas

Cuando era una niña me llevaban en negocios de drogas de Columbus, Ohio a Miami, Florida. (Esto lo explicaré mas adelante). Cuando pienso en ese tiempo, es difícil imaginarme que un dia les estaría pidiendo apoyo para convertirme en su Representante Estatal. Pero es precisamente mi historia personal lo que me motiva a luchar por la justicia. Estoy compitiendo porque valoro el brío, la pasión y la experiencia de nuestras comunidades tan diversas. Estoy retando a este titular de la posición porque creo que el “equipo de liderazgo” al que él pertenece—el del Presidente de la Cámara de Representantes Bob DeLeo—es el mayor obstáculo a un cambio audaz y progresivo en Massachusetts.

En las primarias Democráticas del 4 de septiembre tenemos alternativas: alguien que ha trabajado con el Presidente de la Cámara de Representantes Bob DeLeo y quien ha sido personalmente premiado por ese trabajo, o alguien que va a luchar por nuestros valores progresistas compartidos, aunque eso signifique enfrentarnos al liderazgo de la Cámara. Mi lucha será por la educación pública subsidiada, por una vivienda accesible (determinada justamente), asistencia médica equitativa para todos, preparación para el clima cambiante, y el derecho de todos a prosperar, especialmente para las personas de color, los inmigrantes, las personas mayores y la comunidad LGBTQ. Me avocaré a escuchar a los residentes de la comunidad, especialmente a los mas marginados, para conocer sus puntos de vista e informarles sobre mis planes.

En la Escuela de Derecho, trabajé como pasante en derecho tributario y constitucional en la oficina de la Senadora Sonia Chang-Diaz, y luego me quedé como Asesor Principal de Políticas y Planificación y como enlace para Jamaica Plain. Ella contrata personas con un alto nivel de integridad que comprenden las políticas que han sido investigadas y sus análisis. Su enfoque en la justicia es de compromiso sin tregua a la ejecución y responsabilidad para con los residentes de cualquier origen. La he representado en sus reuniones sobre el proyecto del Casey Overpass y hablé sobre la necesidad de una estructura apropiada, segura y accesible. Se incluyó a la comunidad en un proceso que tomaba en cuenta los intereses de los ciclistas, los peatones y los choferes de todas las clases socio-económicas y niveles de capacidad de las diversas partes del Distrito. Para mi, este proyecto muestra lo que un liderazgo responsable y progresista puede lograr cuando se colocan los intereses del Distrito primero y porque la Senadora Chang-Diaz es el modelo de liderazgo del que necesitamos mas en la Legislatura de nuestro Estado.

Sin embargo, para llegar a trabajar con líderes como la Senadora Chang-Diaz, he tenido que sobrevivir dificultades de racismo estructural y de pobreza, lo cual marcó mi visión del mundo hoy en día.

Mi Historia Personal

Nací en Columbus, Ohio, la mayor de siete niños en una familia afro-americana que vivía de salarios de pobreza. Mi padre, mi abuelo y mi tío eran trabajadores de construcción y albañiles, y mi padre aprendió soldadura en la Marina durante la guerra de Vietnam. Me acuerdo cuando tenía cuatro años bajaba la escalera a las 4:30 de la mañana, frotándome los ojos, cuando oía a mi padre preparándose para el trabajo. Me sentaba en sus rodillas mientras él se ponía sus enormes botas de trabajo, su máscara de soldadura que parecía la de un extraterrestre a su lado. Tenía un sentido tan grande de satisfacción de la combinación de creatividad y trabajo físico duro. Eso lo heredé yo de él. Aunque amaba la soldadura, mi padre no cabía en sí de orgullo cuando lo admitieron a un programa de becas para ingenieros, pagado por un taller que contrataba hombres de color de comunidades de alto riesgo. Recuerdo que mi padre me llevó con orgullo al taller y a su oficina de dibujo. El y sus jefes, ambos blancos, dijeron “deberías ser ingeniero un día”! Detrás de la enorme galleta que me dieron (del tamaño de mi cara de sonrisa) pensé que esa idea sonaba bien.

Para nuestra familia fue una tragedia cuando Harper Industries ya no pudo pagar salarios justos debido a las políticas cambiantes y, finalmente, tuvo que cerrar. Mi padre luchó por regresar a su profesión anterior debido al creciente racismo en los trabajos. Durante algunos años volvió al negocio de las drogas y la estafa, lo cual ponía comida en la mesa, pero era devastador de tantas otras formas. Los próximos años fueron de amor y apoyo de mi círculo familiar, pero no fueron fáciles. Mi padre me enseñó desde muy joven a luchar. Tengo recuerdos reales de ser arrastrada detrás de un contenedor de basura por “bullies” en la escuela primaria. En esa escuela, el director abusaba física y verbalmente de los niños negros o de razas mixtas. Yo me les enfrenté a los bullies del patio del colegio. Me le enfrenté a ese director. Mas adelante, en la escuela secundaria y la universidad, le hice frente a prácticas injustas de las empresas, corporaciones y del gobierno.

Casi cada año a través de mi niñez, mi familia fue desalojada o tuvimos que mudarnos por algún motivo—algún “negocio” que había salido mal o alguna amenaza local. Me botaron de varias comunidades, tuve que cambiar de colegio nueve veces hasta que por fin me inscribí en el Columbus School for Girls con una beca. Mi abuela y la vice directora de la etapa media de estudios decían que esta era la mejor manera de escapar de la violencia de la escuela secundaria del vecindario. Recuerdo la ira que sentía y que no podía expresar porque me sacaran del colegio en vez de resolver el problema para todos los niños.

Estudiar en esa escuela cambió la trayectoria de mi vida. No era tan solo la instrucción, era también el apoyo irrestricto de tantos maestros maravillosos que me encaminaron hacia MIT, un lugar que muchos de mi comunidad ni sabían que existía. Al mismo tiempo, no todos los adultos en mi secundaria brindaron apoyo. Mientras que mi maestra de trigonometría me animaba a tomar exámenes de matemática avanzada, mi consejera rehusaba darme la aplicación que tenía en su oficina porque decía que nunca me aceptaría una universidad que exigía exámenes de materias avanzadas. Tuve que buscar en su oficina, delante de ella, para encontrarla yo misma. (Estaba tan furiosa cuando me aceptaron en MIT y en las tres universidades Ivy League a las que apliqué, que organizó una fiesta para “todos los que no habían sido admitidos a sus universidades de preferencia”…que eran todos en nuestra clase de 46 niñas, menos yo y mi amiga, quienes recibimos una invitación personal de la consejera). Recuerdo estar sentada en una torre cubierta de hiedra en el campus de nuestra escuela secundaria, mirando por la ventada la belleza de mi entorno y maravillándome de poder tener conversaciones en francés con otras niñas. La diferencia con las otras escuelas a las que había asistido era enorme. De repente comenté en francés “cada niño en mi vecindario debería poder tener este nivel de educación”. La maestra respondió en francés que los niños en mi vecindario arruinarían esta escuela, y yo contesté “yo soy la única de mi vecindario a quien usted ha conocido…¿estoy arruinando esta escuela”?

Sin embargo, y afortunadamente, por cada palabra negativa o racista pronunciada, había cien personas que me apoyaban y hasta me empujaban mas allá de lo que yo pensaba que podía alcanzar. Por ejemplo, el Dr. Hall, mi profesor de Princeton y PhD en física, había decidido enseñar a niñas en la escuela secundaria porque “no había una profesión mas importante que la educación de mujeres en las ciencias”. Fue él quien prácticamente me obligó a aplicar a MIT. O la Sra. Lodge, quien me rescató de la maestra del 9° grado, quien me decía que yo “simplemente no tenía cabeza para escribir” y me entregó a mi maestra del 11° grado, una escritora de A+ y ganadora de premio.

Comparto estas historias con ustedes para que puedan entender la fuente de mi pasión por la justicia y las políticas que la hacen o la destruyen. Las comparto porque yo sé que en nuestro Distrito todos luchamos por alcanzar la indomable resiliencia y optimismo que marcan las vidas de las personas que han vivido rodeadas de campeones (de esas causas). Los habitantes de nuestro Distrito creen firmemente que todos podemos vencer los obstáculos y lograr los sueños con el apoyo de la familia y la comunidad. Entendemos que eso es aplicable no solo a los niños “pobres” que crecen en el barrio, es aplicable a todos.

Mi compromiso personal para con estos principios ha sido ratificado una y otra vez en mis 23 años de experiencia en la comunidad y el desarrollo económico. Mi primer trabajo después de graduarme de MIT fue con el Centro Nacional Legal del Consumidor del Proyecto de Prevención de Ejecución Hipotecaria (National Consumer Law Center’s Foreclosure Prevention Project), donde desarrollamos y entrenamos líderes en todo el país en modelos pioneros para ayudar a aquellos residentes de edad avanzada y bajos recursos a mantener sus hipotecas y servicios públicos al día. Fuimos exitosos en un 88% en lograr que estas personas se quedaran en sus casas. Luego me fui a trabajar al Centro Evangélico Emmanuel (Emmanuel Gospel Center), desarrollando liderazgo comunitario y colaboración en diversas áreas, incluyendo justicia de género, salud y bienestar comunitarios, y el desarrollo de la juventud. A través de los años he trabajado en mas de 300 organizaciones de todos los tamaños y con empresas locales e internacionales para enseñar y facilitar la investigación y acción orientadas hacia los resultados y lideradas por la comunidad.

El núcleo de todas mis experiencias de trabajo es ayudar al desarrollo de las diversas voces y compartir un liderazgo responsable en la mesa de toma de decisiones. He sido muy puntual con el mejoramiento periódico de mi capacidad de reunir a las personas a través de la educación formal. En la Escuela Kennedy de Harvard (Harvard’s Kennedy School) mis estudios a nivel de Maestría en negociación, liderazgo y defensa política, reforzó mi comprensión de la compleja dinámica del desarrollo gerencial y organizacional. En la Escuela de Derecho en Boston University, donde me preparé con mentores tanto en derecho como en economía, organicé estudios especiales en el uso de la legislatura para atraer comunidades y corporaciones privadas al trabajo de anti-corrupción y derechos humanos.

Después de mi graduación de la Escuela de Derecho y mi trabajo con la Senadora Chang-Diaz, fui la Directora-Fundadora de MassSaves.org, una colaborativa de múltiples sectores. Una vez mas, trabajé con organizaciones comunitarias y públicas y con banqueros para promover el desarrollo de activos y la justicia económica en comunidades de bajos recursos en todo el Estado. Luego me fui a Emmanuel Gospel, donde trabajé hasta que decidí hacer campaña a tiempo completo.

Mis valores de libertad de la opresión hacia las personas de color, las de edad avanzada, personas con discapacidades y diferencias, los inmigrantes y la comunidad LGBTQ+ vienen desde las profundas raíces en la fe. Mi fe cristiana es importante para mi y está arraigada en el amor, la aceptación y el respeto. Me apasiona la posibilidad de poder eliminar la opresión estructural y la injusticia en todas sus formas, incluyendo en mi propia congregación. Cuando una organización anti-LGBTQ+ quiso tener una reunión en mi iglesia, fui la primera en oponerme. He trabajado, y sigo trabajando, incansablemente, con líderes de la fe para ayudar a informar y transformar nuestra capacidad de aceptar, querer y abrazar nuestra familia LGBTQ+. Durante años he trabajado para aumentar el apoyo entre las iglesias evangélicas para el proyecto de ley, ya convertido en ley, de Vivienda Pública para proteger los derechos y la seguridad de las personas transgénero. Este trabajo  es especialmente importante en congregaciones como la mia que consiste mayormente de comunidades de color donde, irónicamente, la experiencia de opresión de LGBTQ+ puede ser extensa y aceptada. Nuestra fortaleza es siempre mas grande como una comunidad, cuando afirmamos la dignidad de todos y promovemos de manera irreductible los valores arraigados en amor hacia todos nuestros vecinos.

Que Nos Estamos Jugando en Estas Elecciones

Respeto a la Directora Sánchez porque ha hecho mucho por la comunidad. Sin embargo, el Presidente de la Cámara de Representantes Bob DeLeo ha sido un obstáculo a la justicia real y eso ha causado un retroceso en Massachusetts. En este momento tenemos una ventana abierta en Beacon Hill para un cambio de cultura, pero si queremos que Massachusetts sea de nuevo líder, necesitamos elegir líderes que defiendan nuestros valores a toda costa. El Representante de Estado Jeffrey Sánchez no es ese líder.

Si resulto electa como su Representante de Estado, trabajaré para eliminar la opresión estructural y la intolerancia en nuestras leyes y estructuras legislativas. Quiero que la opresión en nuestro Estado y nuestras comunidades sea una memoria del pasado, no una realidad del presente. Mi hija se casa el mes que viene. Claro que he pensado mucho en el futuro que le quiero dejar a los nietos de mis nietos, y para ese futuro necesitamos un defensor que luche por nosotros ahora y, como he aprendido desde joven, necesitamos defendernos los unos a los otros.

El Martes 4 de Septiembre, en las Primarias del Partido Demócrata, Usted Tiene la Oportunidad de Elegir a su Defensor

Con mucha humildad le pido su voto y, si todavía no lo ha hecho, que se una a este movimiento por una transformación y unas políticas progresistas en el Parlamento del Estado de Massachusetts y en la legislatura en todo el país.

Nos comunicaremos de nuevo pronto para organizar mi plataforma progresista de cambio compartida con defensores y legisladores en todo el Distrito y el Estado. Hasta entonces, y como siempre, me gustaría saber cuáles son sus inquietudes y sus prioridades. No dude en contactarme a info@electnika.com o al 617-971-8743.

Afectuosamente,

Nika Elugardo